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martes, 28 de julio de 2015

Aerolíneas Camporistas

Cuando se estatizó Aerolíneas Argentinas, Rodolfo Terragno opinó que tener una línea de bandera no era mala idea si el propósito consistía en integrar la Argentina al mundo en vez de aislarla. Con eso quería decir que la única alternativa para que el emprendimiento tuviera posibilidades de éxito era establecer asociaciones estratégicas con aerolíneas vecinas a fin de poder competir en el mercado internacional. Con respecto al tema interno dijo el ex-ministro de obras de Alfonsín que con seis o siete sindicatos enfrentados entre sí y con una planta de personas indescifrable, incluso las posibilidades de competir dentro del país se hacían muy riesgosas.

Las advertencias de Terragno se fueron verificando desde el primer momento, pero lo que el intelectual radical no podía prever en esos inicios es que además Aerolíneas sería utilizada como un experimento político dejando su conducción en manos de dirigentes que ignoraban prácticamente todo del funcionamiento de una empresa aérea. Y que por supuesto jamás escucharon los consejos de Terragno o de los demás que sabían.

En realidad el gobierno argentino no se quedó con una empresa sino con la deuda que tenía esa empresa, y además con su decisión le permitió a dicha entidad privada sobreendeudada que iniciara un juicio en el CIADI. Con lo cual no sólo nos quedamos con la deuda sino que la Argentina terminará pagando una fortuna por ella, ya que lo que hicimos fue convertir una quiebra en un activo a largo plazo para los quebrados, absorbido por todo el pueblo argentino que aporta aunque jamás viaje en avión.

Además al verse el tema como una cuestión ideológica de soberanía en vez de gestión, a nadie le interesó perder millones de dólares por día para hacerla funcionar, con lo que la deuda inicial se multiplicó al infinito.

Fue dentro de ese contexto que estalló el caos de estos días en Aerolíneas donde se cancelaron más de trescientos vuelos sin que sus autoridades atinaran a dar ninguna respuesta contundente sobre tan excepcional lío, excepto que la culpa la tenía Clarín porque puso una falsa información a la luz pública. La falsa información era que se cancelaron más de trescientos vuelos y que Aeroparque era una locura de gente confundida e indignada. Muchos se quedaron sin sus vuelos y otros tuvieron que reemplazarlos con alternativas terrestres que les proveyó la empresa, entre los cuales se contó el delirio de pasajeros llegando a sus domicilios en taxis desde una provincia a otra.

Las razones que los especialistas aducen se relacionan con una sobreventa colosal de pasajes y con una utilización política de Aerolíneas durante la campaña electoral en Capital de su presidente Mariano Recalde donde dispusieron de recursos y personal que se le quitaron a la época de vacaciones. Pero haya sido una u otra o todas ellas las razones de la situación caótica, lo que ocurrió esta semana en la línea aérea de bandera es en forma micro una expresión bien concreta de cómo se está manejando el Estado en general, donde la eficiencia y la gestión son palabras ideológicamente consideradas  de derecha y se ha inculcado la idea de que con una buena  lógica política todos los problemas técnicos se solucionan espontáneamente.

Total, mientras haya recursos de sobra para experimentar con el Estado, estos escandaletes se irán tapando con parches hasta que un nuevo gobierno quiera solucionarlos y se encuentre con que le estallan en la cara esos parches.

Que Aerolíneas sea en pequeño lo que pasa en grande se debe a la increíble locura de haber puesto a disposición de una agrupación juvenil oficialista sin experiencia alguna la total y absoluta responsabilidad sobre una actividad que requiere más pericia técnica que ninguna. Así hoy en el país se quiere reformar el Estado. Pobre Estado

Fuente: Carlos La Rosa -Diario Los Andes